Para conseguir perder peso y mantenerlo en el tiempo, es imprescindible llevar a cabo un plan alimentario variado y ajustado en lo posible a los gustos de la persona que lo tiene que hacer. Hay que modificar determinados estilos de vida, tanto de hábitos alimentarios como de activad física. Para paliar el efecto yo-yo, hay que conseguir una pérdida de peso lenta, y nos permitirá mantener el peso perdido.

Un consejo

Si tu objetivo es perder peso y mantenerlo en el tiempo es importante que hagas cambios en tu estilo de vida. Sabemos que requieren esfuerzo y tiempo, pero el resultado merece la pena.

Dietas milagro “perder un kilo en dos días”

Los milagros no existen, Para que os hagáis idea de lo que propone estas dietas, es que a la hora de la comida sólo hay ingerir dos zanahorias ralladas y una taza de té o que a media tarde bastará para saciarnos una loncha de jamón y un café. No hace falta decir que se trata de una dieta desequilibrada, incompleta en la mayoría de nutrientes necesarios y restrictiva, ya que sólo podremos comer los alimentos indicados y además en cantidades muy pequeñas. De ahí que los que la promueven, solo recomienden realizar esta dieta durante uno días.

¿Funcionan las dietas milagro?

Lo que mas preocupa a la gente que sigue estas dietas no es que sean saludables o que se puedan mantener en el tiempo o que sean sabrosas y completas, sino si cumplen con lo que prometen, y es aquí en donde entre en juego el engaño de estas dietas.

Posiblemente en los primeros días, si se cumple a rajatabla consigas reducir tu peso, pero has de saber que esto no se debe a la eliminación de grasas (que es lo que interesa), sino a la pérdida de agua junto con el arrastre de vitaminas y minerales, con los consiguientes problemas para la salud.

Este tipo de dietas puede ocasionar fatiga, malestar, mareos e incuso desmayos por su escaso aporte energético y nutricional. Algo peligroso pero sobre todo en adolescentes.

Ante la sensación irreal del éxito que se produce los primeros días, este tipo de dietas actúan como un factor de riesgo, debido a la aparición de trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia.